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En Navidad estamos acostumbrados a excesos por todos lados, sobretodo en lo que se refiere a comida y bebida. Sin embargo, también los más pequeños tienen su dosis de “exceso” específico en estas fechas en forma de cantidad ingente de caramelos y chucherías de las muchas cabalgatas de Reyes Magos existentes.

En las grandes ciudades como Madrid, esto es aún más llamativo, ya que a la Cabalgata de la capital se le suman las de todos los pueblos que la rodean (entre ellos el nuestro: Alcobendas) el mismo día 5 de enero y las de los barrios y distritos  respectivos, que normalmente tienen lugar un día antes.

Consecuencia: bolsas repletas de caramelos que, al contrario de lo que ocurre con los excesos de los adultos, duran y duran durante semanas en los que el ataque al “almacen” provisional de golosinas se hace de forma inopinada y en cualquier momento.

Ya hemos hablado en muchas ocasiones de los peligros de los dulces y las bebidas azucaradas para los dientes. No por el azúcar en sí, ya que ella por sí misma no provoca las caries, sino porque es la energía que necesitan las bacterias que sí las provocan para multiplicarse y pegarse a la superficie de tus dientes. Con el tiempo acaban convirtiéndose en placa y siguen con su tarea incansable de acabar con lo único que las frena: el esmalte.

Sin el esmalte los dientes son mucho más propensos a las caries, tienen mayor sensibilidad a las temperaturas y se vuelven más amarillentos debido a la exposición de la dentina.

Un doble peligro: los caramelos ácidos.

Lo que la mayoría de nosotros no tenemos en cuenta es que los caramelos ácidos son dos veces peligrosos: de entrada el dulce ácido puede disolver el esmalte dental directamente, sin necesidad de bacteria alguna que procese el azúcar, tal y como haría un cubito de hielo en la encimera de la cocina.

Pero es que además, si la dulce acidez viene en forma de caramelos masticables y gominolas la amenaza aumenta ya que se quedan pegados a los dientes y por tanto lleva más tiempo eliminarlos a base de saliva que los tradicionales caramelos duros.

Mientras más tiempo permanezca el el caramelo pegado al diente más posibilidades tiene de ser consumido por las bacterias y por tanto se generará ácido que se sumará al ya de por sí existente en el propio caramelo.

Algunos consejos:

  • Primero el más obvio: Limitar el consumo de caramelos. Tomar gominolas dulcemente ácidas, “pica-picas” o “escalofríos” no supone ningún problema si se hace de vez en cuando. Es en momentos “post-cabalgata” cuando debemos ser un poco más vigilantes.
  • Enjuagar la boca con agua tras tomar caramelos ácidos. No vas estar detrás de los niños todo el rato para que se laven los dientes constantemente, pero al menos sí pueden tomar un buche de agua que elimine la excesiva acidez.
  • No cepillar justo después: Otra razón para el buche de agua es que el cepillado inmediato tras el consumo puede ser contraproducente, ya que el esmalte estará reblandecido y lo que haremos será refregar aún más el ácido por unos dientes que estarán en un momento débil.
  • Tomar chicles con xylitol, beber leche o comer queso que ayude a neutralizar la acidez excesiva.

¿Cómo sé que un caramelo es ácido?

Hay varios términos que describen si un caramelo es o no ácido. Una pista evidente es saber si directamente tiene ácido o no: cítrico, láctico, málico, tartárico, fosfórico, ascórbico…y tener en cuenta que si no se nombran directamente, pueden encontrarse con otros nombres que parezcan más “saludables” del tipo concentrado de frutas, vitamina C natural, extractos de fruta… etc.

En cualquier caso la prudencia y la moderación son claves, por lo demás… solo hay que desear que los Reyes Magos sean generosos este año y nos dejen todo lo que les hemos pedido. :D

¡Desde Avodent en Alcobendas  os deseamos un Feliz día de Reyes!

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