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El deseo de los distintos profesionales que participan en el proceso de colocar un implante dental la verdad es que pretenden que la respuesta a esa pregunta sea “en nada” ya que toda la tecnología, diseño, pericia y arte de quienes los planifican, fabrican y colocan, van orientados a conseguir que tanto su aspecto, como su tacto y por supuesto su funcionalidad sean lo más parecida a la o las piezas que sustituyen.

Sin embargo, diferencias hay como es lógico. Las más importantes son la forma en la que los implantes están sujetos al hueso circundante, su respuesta a las distintas enfermedades dentales, su mantenimiento y, eventualmente, su reparación.

Diferencias estructurales.

Muy resumidamente, los dientes naturales se sujetan al hueso por el ligamento periodontal que es más o menos una especie de capa de fibras elásticas de colágeno, capilares y nervios que se encuentran entre el propio diente y el hueso alveolar de los maxilares.

Los implantes en ese aspecto tiran “por la calle de en medio” sin nada de intermediarios a base de colágeno, directamente al hueso y punto. Gracias a su composición y el material del que se fabrica y del que ya hablamos en un post anterior, logran una perfecta osteointegración y son aceptados por el organismo sin problemas.

Los tejidos de las encías también se fijan a la raíz de los dientes naturales con fibras de colágeno, sin embargo la encía sólo puede pegarse a la superficie del implante ya que, como hemos dicho más arriba, el implante está fijado al hueso sin nada más de por medio.

Diferencias a las agresiones.

Los dientes pueden sufrir enfermedades dentales tales como la caries, o bien necesitar tratamientos de endodoncia que saneen el conducto radicular, por ejemplo. A los implantes dentales les dan lo mismo las bacterias, son de metal y ya pueden venir legiones de “microbichos” que ni van a tener caries, ni van a necesitar endodoncia alguna.

Sin embargo, si bien es cierto que al propio implante no le pasa nada por la “fauna local” no se puede decir lo mismo respecto de problemas con las encías circundantes. Así, mientras que los dientes naturales respecto de las encías tienen su frente de batalla principal en la piorrea, los implantes pueden ser objeto de periimplantitis, que es una respuesta inflamatoria de la encía debido a las bacterias que rodean al implante.

Si se abandona la cuestión por el típico “ya se pasará” o “no es tan grave” puede evolucionar a síntomas más preocupantes, ya que el hueso sobre el que está anclado el implante puede comenzar a verse afectado y por tanto comenzar a notarse movilidad en el mismo, dolor (en sus distintas intensidades), sangrado (más aún), retroceso de las encías dejando visible el implante, etc.

Si tienes implantes y ves que se las encías se inflaman, están sensibles, sangran con el cepillado o cambian de color, ya tardas en acudir a tu dentista de confianza a que revise la situación.

En Alcobendas y alrededores, queremos que encuentres en Avodent a tu dentista de confianza. Nuestra especialización en implantología nos permite estar preparadas y dispuestas a darte toda la información que precises para tu caso concreto. Pásate y en tu primera visita (gratuita) revisaremos tu caso. 

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