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Si últimamente has ido a tu dentista de confianza y te ha recomendado un injerto de encía o gingival, posiblemente sin saber muy bien a qué se estuviera refiriendo la simple idea ya te haya dolido. Pero, la verdad es que no hay para tanto :) .

Es cierto que el nombre echa para atrás, pero suena peor de lo que realmente es. Un injerto de encía puede ser muy necesario para proteger tus dientes de los daños ocasionados por ejemplo por encías retraídas o simplemente ser una elección estética para mejorar la apariencia de tu sonrisa.

Las encías retraídas es el proceso por el que el tejido gingival que rodea los dientes se separa de estos y se viene abajo (o arriba dependiendo de la mandíbula que sea) exponiendo más superficie de diente de la que en un principio había pudiendo incluso llegar a ser visible la propia raíz del mismo, lo cual puede en último extremo dañar al hueso que le da soporte.

Pese a ser muy común, la recesión de las encías normalmente no se nota hasta que la cosa comienza a ponerse seria, ya que es un proceso muy gradual. Sin embargo, tarde o temprano, el proceso llega a la raíz y ya no es sólo que el aspecto sea poco agradable a la vista, es que la sensibilidad del diente aumenta y si aún así se sigue sin hacer nada, puede acabar con la pérdida del diente.

Para reparar los daños ocasionados por las encías retraídas y prevenir problemas futuros es para lo que, sobretodo, está indicado el injerto de encía.

¿Cuántos tipos de injertos de encía hay?

Tres son los más habituales. Qué tipo sea el que más se adecúe a tu caso concreto el algo que debe decidir tu dentista, ya que es el que mejor conocerá tus necesidades.

Injerto de tejido conectivo: En este procedimiento, se corta un trozo del paladar y se separa el tejido conectivo subepitelial pegándose a la encía que rodea el diente expuesto. Tras haber hecho, esto se vuelve a poner el trozo de tejido del paladar en su sitio.

Injerto gingival libre: Es parecido al anterior, en el sentido de que implica el uso de tejidos del paladar que hace las veces de “donante”, pero en vez de separar el tejido conectivo, se quita de un sitio y se pone en otro directamente. Este método es usado a menudo en personas que tienen las encías demasiado finas y requieren tejido adicional para engrosarlas.

Injerto gingival pediculado: En este procedimiento, en lugar de tomar tejido del paladar, se coge de la encía que rodea al diente necesitado de restauración. El trozo de tejido (al que llamamos pedículo) no se retira del todo sino que se corta sólo parcialmente. Así la encía rodea al diente y luego se cose. Obviamente, esta técnica sólo puede ser utilizada con personas que tengan bastante material alrededor del diente para trabajar.

En ocasiones pueden utilizarse donaciones de un banco de tejido en vez de sacarlo del propio paladar. También es frecuente el uso de proteínas que estimulen la creación de tejidos para que tu cuerpo se repare rápidamente.

En Avodent estamos para responder tus dudas sobre estas y otras cuestiones que te interesen a ti y la salud bucal de los tuyos. Concierta una cita y ven a conocernos. Sabrás por qué hay cada vez más gente sonriendo en Alcobendas ;)

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