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Tras una endodoncia o sanear una caries, las incrustaciones dentales son una de las mejores opciones para rellenar la cavidad resultante tras haber dejado el diente libre de infección y volver a tener estéticamente el mismo aspecto que en su día tuvo.

Cuando existe aún diente original y no es necesaria la colocación de una corona, es necesario rellenar el espacio. Dependiendo del material que usemos podemos hablar de empastes o incrustaciones.

Diferencias entre empastes e incrustaciones dentales

Lo primero que debemos dejar claro por tanto es la diferencia entre un empaste de toda la vida y una incrustación. 

La diferencia como hemos dicho reside en los materiales, el tiempo requerido para fijarse al diente, la durabilidad y el coste.

Por poner un ejemplo, una vez que una caries es eliminada, el dentista puede rellenar
el espacio con algún material de empaste normalmente con resinas o amalgamas o con una incrustación dental realizada con porcelana, oro o composites especialmente endurecidos.

Las incrustaciones bien hechas pueden durar décadas mientras que los empastes, especialmente esos grandes que a veces se encuentran en los molares posteriores tienen una vida media de 5 a 10 años.

Obviamente el coste también es diferente entre un empaste clásico y una incrustación en porcelana, siendo esta última un poco más elevada. Pero no solo eso, también el tiempo del tratamiento difiere. Una incrustación requiere varias sesiones mientras que una caries con su empaste se despacha en media hora más o menos.

Si son más caras y requieren más tiempo ¿realmente merecen la pena?

Obviamente cada paciente tiene sus propias necesidades, en general podemos señalar que las incrustaciones dentales gozan  de bastantes ventajas respecto a los empastes comenzando por la estética dental que se logra, la mejor adaptación a la superficie del diente (adaptación marginal), se pule mejor, se tiene menos sensibilidad postoperatoria, etc.

¿Sólo hay incrustaciones de porcelana?

No, también pueden realizarse en metal, pero sin duda la porcelana por su estética y características semejantes a los dientes naturales son la mejor opción. Por otra parte recuerda que los metales con el calor y el frío se expanden y contraen con lo que tampoco es algo que beneficie a tus dientes.

De todos modos hay que reconocer que en cuanto a resistencia y coste económico el metal es superior, pero aún así la porcelana sigue siendo la opción más popular en las incrustaciones ya que sus ventajas superan a la menor durabilidad y precio.

¿Todas las incrustaciones son iguales?

No. Existen diferentes tipos de incrustaciones dentales. Sin querer convertir este post en una clase de odontología simplemente las citaremos: inlay, onlay y overlay.

Básicamente difieren en la cantidad de material requerido y la superficie del diente cubierta con él. Las más populares son las dos primeras: inlay y onlay. Pero como una imagen vale más que 1.000 palabras y ya llevamos unas cuantas, aquí puedes ver claramente en que se diferencian los tres tipos de incrustaciones.

Inlay_onlay_overlay

 

 

El tipo de incrustación que requiera tu caso concreto deberá ser determinado por tu dentista de confianza al que puedes (y debes) preguntar todas las cuestiones que te surjan respecto a por qué este material y no otro, por qué este sistema y no otro, por qué esta tapicería de consulta y no otra (bueno, esta última no, ;) ) en fin, que estamos para ayudar, aclarar y que te sientas bien y sonrías, porque es a lo que nos dedicamos.

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