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El desgaste de los dientes, en cualquiera de sus variantes (atrición, abrasión, erosión…) supone la pérdida paulatina y constante del tamaño y funcionalidad de nuestras piezas dentales.

Realmente, el desgaste por sí mismo es algo natural y que con el transcurrir de los años va ocurriendo de forma lenta y gradual. Lo que no es natural es que los dientes se desgasten de forma prematura presentando un aspecto de boca de setenta años en pacientes de treinta y tantos, por ejemplo.

En los casos de atrición prematura (o patológica) y a pesar de que es que un síntoma tratable, como todo síntoma lo que está reflejando es que hay un problema mayor detrás de cuya solución depende que no volvamos a desgastar los dientes una vez restaurados.

Lo más común es que, quitando el desgaste obvio por razones de edad, una superficie de mordida excesivamente gastada de forma prematura sea causada por bruxismo o un mal alineamiento de los dientes (maloclusión).

Aunque en ocasiones el problema no es nuestro sino de lo que nos metemos por la boca o de lo que hacemos con ella. Así, una alimentación alta en comidas ácidas o carbonatadas o el uso excesivamente enérgico del cepillo de dientes pueden acelerar el proceso natural de desgaste dental.

Tratamientos para dientes desgastados.

Como hemos dicho, atacar la causa del  síntoma es fundamental. Para los casos en que el desgaste viene derivado del bruxismo (rechinar de forma inconsciente e involuntaria los dientes entre sí), se hace necesaria la utilización de férulas de descarga  a fin de evitar el roce constante de los dientes entre sí, que es lo que ocasiona el excesivo desgaste.

En el caso de las maloclusiones, la corrección definitiva puede venir en forma de multitud de procedimientos dependiendo del tipo de disposición de dientes que tengamos por delante. Soluciones ortodónticas, colocación de prótesis, incrustaciones e incluso en los casos más graves intervenciones quirúrgicas pueden ser necesarios para corregir la mordida y sus síntomas (entre los que la atrición es sólo uno de los muchos posibles).

Pero así lo que logramos es que la cosa no avance. Es decir que no sigamos dándole trabajo extra a nuestros queridos dientes. Para recobrar esa sonrisa que un día tuvimos es necesario recurrir a soluciones estéticas, como por ejemplo el uso de carillas dentales o laminados cerámicos que logren dar al diente la longitud natural que un día tuvo.

Puede que en ocasiones el desgaste sea tan acusado que el uso de carillas no de una solución adecuada, en ese caso será siempre tu dentista de confianza quien te asesorará sobre la mejor solución para tu caso, que puede pasar por la utilización de incrustaciones cerámicas o la colocación de coronas de porcelana para una completa restauración.

Ya sea por la edad, unos hábitos de vida poco saludables, una mala práctica en nuestra higiene bucal, el estrés o simplemente porque la genética nos hizo la boca que nos hizo, restaurar nuestros sufridos tiene solución. Pero recuerda que, salvo la edad, en el resto de casos tratamos un síntoma de una causa distinta que también debe tratarse o corregirse.

 

 

 

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