niño-cepillándose-dientes-dentista-alcobendas

El cepillado diario es algo que tenemos tan automatizado y metido en nuestra rutina diaria (o debería) que prácticamente nunca nos ponemos a pensar en él. Sin embargo, hacerlo de la forma adecuada es una parte fundamental en nuestra salud bucal, previniendo la aparición de caries y enfermedades relacionadas con las encías.

1º No elegir la herramienta adecuada.

Sin duda un adecuado cepillo de dientes es fundamental. Piensa en el tamaño de tu boca. Si tienes que hacer algún tipo de esfuerzo abriéndola para que el cepillo entre bien, puede que sea demasiado grande para ti. Es de lógica que cuanto más cómodo te resulte más probable sea que lo uses con frecuencia.

También deberías tener en cuenta las cerdas ya que existen varios tipos de dureza. Por lo general se desaconsejan los más duros ya que puedes dañar con ellos los tejidos blandos de tu boca.

¿Eléctrico o manual? Pues es cuestión de gustos, como ya tratamos en un post anterior ¡lo importante es que te cepilles! La constancia es mucho mejor herramienta que el cepillo con la que la practiques. Dicho esto es evidente que los eléctricos pueden ir mejor si tienes algún problema de huesos, músculos o ligamentos en tus manos, brazos u hombros.

2º No emplear suficiente tiempo.

¿Cuántas veces al día te cepillas los dientes? Lo aconsejable es dos o tres veces al día (mejor tres que dos, pero la vida diaria se impone y la mayoría de las veces es complicado).

¿Cuánto tiempo? Pues como mínimo dos minutos. La mayoría de la gente se queda corta en esta cuestión. Como consejo puedes dividir tu boca en cuatro secciones y emplear en cada una alrededor de 30 segundos.

Algunos cepillos eléctricos tienen temporizadores que pueden ayudarte en un perfecto cronometrado.

3º Pasarse de tiempo

Cepillarse los dientes más de tres veces al día puede ser tan perjudicial como no hacerlo ya que con tanto paso del cepillo por nuestro esmalte y encías al final corremos el riesgo de acabar dañándolos, logrando justamente lo que queríamos evitar.

4º Hacerlo de cualquier forma.

Las pasadas largas de forma horizontal por toda la fila de dientes pueden dañar las encías. Hay que sostener el cepillo en un ángulo de 45º respecto de éstas y hacer un movimiento de arriba a abajo, usando cepilladas cortas.

No sólo importa lo que se ve, sino también lo que no se ve, es decir, el cepillado comprende la parte interna y externa de los dientes, las muelas del fondo y la lengua. Piensa que allá donde no llegues la placa tendrá la oportunidad de asentarse y provocar futuros problemas (bueno en la lengua, no)

5º Aburrirse

Te parecerá una tontería pero al ser algo rutinario, ponemos el piloto automático mental y casi no nos damos cuenta de qué estamos haciendo. Empezamos siempre por el mismo sitio y acabamos por el mismo sitio.

Esto hace que la parte que normalmente limpiamos en último lugar nos coja ya un poco aburridos y con ganas de acabar, con lo que no queda nunca igual de bien que la primera con la que empezamos. Para ello cambia el lugar de comienzo de tu cepillado de vez en cuando.

6º No acertar con la pasta de dientes.

Hay que tener en cuenta que los productos blanqueantes o que controlan el sarro pueden ser muy duros para los dientes si se usan de forma muy frecuente. Para evitarlo puedes alternar con la clásica pasta con flúor de toda la vida y la blanqueante a fin de no exponer de forma tan continua el esmalte a procesos demasiado abrasivos.

7º No controlar la acidez

No se trata de que nos convirtamos en químicos ahora, pero si tomas cosas ácidas del tipo de bebidas energéticas, sodas, zumos, etc. estás atacando el esmalte de tus dientes. No pasa nada (si son consumidas de forma normal) porque la saliva está saturada de iones de calcio y fósforo que reparan el eventual daño.

Pero para que eso pase hay que dejar al menos media hora para que suceda y no lavarse los dientes inmediatamente después, ya que lo que haremos será atacar con el cepillo un esmalte que está en proceso de restauración y lo fastidiaremos aún más.

8º No enjuagar el cepillo tras el cepillado.

Casi todos lo hacemos pero es más importante de lo que parece. Los gérmenes de la boca y los dientes pueden permanecer en él y además la pasta de dientes sobrante endurece las cerdas. Lo mejor es enjuagar y ponerlo a secar al aire, evitando que se mantenga húmedo durante mucho tiempo.

9º No mantenerlo alejado de otros cepillos.

Aunque higiénicamente el baño no es el lugar más limpio de la casa, la verdad es que todos guardamos allí nuestros cepillos de dientes. Al menos, si somos varios en casa, evitemos que los cepillos se toquen entre sí. Coloquémoslos en sitios donde se sequen de manera natural y no los dejemos sobre la loza de cualquier modo para que pillen vete tú a saber qué.

Si viajas usa una cubierta que permita que entre aire para que no se mantenga húmedo mucho tiempo.

10º No cambiarlo a tiempo

Cada 3 o 4 meses deberíamos de cambiar de cepillo de dientes. Una buena forma de control de lo necesario del cambio la tenemos en las cerdas, si éstas empiezan a perder flexibilidad y la forma ya no es la que debiera, es el momento de cambiar.

Por último recuerda que te estás cepillando los dientes, no quitando un guiso quemado de una olla. La placa sale con un cepillado suave sin forzar las cerdas contra los dientes. El sarro que notes y veas que no puedes eliminar debe quitarlo tu dentista de confianza.

En Alcobendas y alrededores tu dentista de confianza lo tienes en Avodent. Pásate un día y nos conoces, estaremos encantados de atenderte en cualquier consulta sobre tu higiene dental.

Si te pareció interesante el artículo, déjanos tu valoración:

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)